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Javier Otazu Lima, 7 nov (EFE).- Tiene once años y el domingo va a matar dos
novillos que pesan diez veces más que él. Michel Lagravere,
"Michelito", quiere hacer historia en la Plaza limeña de Acho, la
primera de América, como el novillero más joven de la historia. Este niño franco-mexicano cursa sexto de primaria y le gusta
bucear, ver los goles de Leonel Messi en internet o escuchar La
Oreja de Van Gogh. En eso se parece a cualquier niño de su edad, que
cambia cuando sale a la plaza vestido de luces. "Es un niño común y corriente, cuando viajamos se mete en nuestra
cama, pero frente al toro se transforma, ya en ese papel no es un
niño, sino un matador", relata su madre, la mexicana Diana Peniche
Marenco. La historia del niño torero comenzó cuando Diana conoció hace 13
años al francés Michel Lagravere, torero en su país y que de vez en
cuando hacía "bolos" en plazas latinoamericanas. Flechazo inmediato,
y a los dos meses ya estaban casados. De aquel matrimonio nacieron tres hijos y los dos varones
tuvieron desde pequeños la querencia por el mundo del toro que veían
en casa. Porque Diana pronto entró también en el mundillo y al
tiempo se convirtió en empresaria de la tauromaquia, hasta terminar
gestionando la plaza de toros de Mérida. "Ya cuando tenía dos años Michelito agarraba un pañito de cocina
o una toalla y se ponía a torear, los tenedores o los lapiceros de
colores eran sus banderillas, y daba pases a un perro salchicha",
cuenta Diana para explicar cómo la pasión de su hijo es más fuerte
que otra cosa. Hoy Michelito frecuenta hoteles de cinco estrellas y plazas de
toro abarrotadas de aficionados, y con once añitos tiene algunas
ideas claras: "No busco parecerme a ningún torero, quisiera hacer mi
propio tipo de toreo, pero me gusta mucho Morante de la Puebla",
dice en una entrevista con Efe. El domingo el niño torero saldrá a la Plaza de Acho, la más
antigua de América, con un traje de luces de fondo negro (su color
preferido), que no quiere ponerse porque dice que "da mala suerte
vestirlo fuera de la plaza". Heredero del cúmulo de supersticiones que rodean al mundo del
toro, Michelito huye del número 13 y de los gatos negros, nunca
viste dos veces seguidas el mismo traje y antes de salir se rocía
con agua del Santuario de Lourdes, del que su padre, como buen
francés del sureste, es devoto. La actuación de Michelito ha despertado un interés inusitado en
esta novillada que abre la Feria del Señor de los Milagros, pero
también ha suscitado críticas, hasta ahora limitadas al "lobby"
antitaurino. "Esto es un atentado contra los derechos humanos: exponen su vida
a costa de un dinero que va a sus padres. Es un tipo de explotación
física y psicológica", dice a Efe Roger Torres, coordinador de Perú
Antitaurino, grupo que prepara un proyecto de ley para prohibir la
participación de menores en las corridas. Michel padre, que dejó el toreo y hoy ejerce de apoderado de
Michelito, responde con ironía que agradece a los antitaurinos la
gran labor publicitaria que hacen de su hijo, pero les responde:
"Con la cantidad de niños sin ilusiones ni metas en este siglo XXI,
me da mucho gusto que mi hijo ya tenga un sueño, el de ser el mejor
torero del mundo". Lo cierto es que el sueño le cuesta a Michelito perderse casi la
mitad de las clases cada mes, aunque intenta ponerse al día
estudiando por internet o duplicando el ritmo de sus tareas a la
vuelta de cada viaje para no perder el ritmo de sus compañeros en su
escuela de Mérida. "Mis amigos siempre me preguntan si no me da miedo torear, pero a
mí me dan más miedo los balonazos que te pueden dar jugando al
fútbol. Y además, no me gusta platicar de mis corridas en la
escuela", replica. En sus cuatro años de experiencia, Michelito se había limitado a
torear becerros, y el domingo matará por primera vez a novillos: "No
se dan la vuelta tan rápido (como los becerros), tienen menos
movilidad", dice con aplomo. "Claro que tengo un poco de nervios antes de salir, pero uno ya
se acostumbra", insiste, y en su vocabulario no está la palabra
miedo. Y como los toreros de verdad, antes de salir al ruedo monta su
altarcito con imágenes y estampas y reza nada menos que a tres
vírgenes: La de Guadalupe, la de Lourdes y la Macarena. EFE fjo/car |
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