México, 3 Nov. (Notimex).- El águila mexicana, símbolo patrio
representado en la bandera nacional, es un ave imaginaria forjada por
el sincretismo cultural que resume el simbolismo que esta ave tuvo
entre las culturas prehispánicas del altiplano y la de las monarquías
europeas, consideró Miguel Angel González Block.Autor del libro "Dos águilas y un Sol. Identidad, simbolismo y
conquista del Cuauhtli sagrado", resultado de una investigación de 18
años, el volumen, editado por la Dirección General de Publicaciones
de Conaculta, se presentará este jueves 5 de noviembre en el Museo
del Templo Mayor.
González Block, apasionado observador de la naturaleza y la
cultura, estudió antropología social en la Universidad de Cambridge,
es doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México y analista
de políticas públicas y sistemas de salud.
Sus objetivos con este libro fueron: identificar la especie de
las aves rapaces que han simbolizado al Sol en las culturas
prehispánicas del altiplano, así como en el México Colonial e
Independiente; y explorar el simbolismo de las aves solares en su
contexto cultural.
En su opinión, a pesar de la importancia de las aves para la
cosmología de las culturas prehispánicas, es muy poco lo que se ha
investigado sobre ellas.
Interesado en el tema desde la infancia, en su búsqueda de
respuestas se encontró con muchas sorpresas, particularmente el hecho
de que la Ley de la Bandera, el Escudo y el Himno Nacional, no
especifica la especie y se limita a denominarla de forma por demás
genérica "águila mexicana".
"Lo interesante -dijo- es que en la naturaleza el águila
mexicana no existe como tal; por tanto no figura en los libros de
clasificación de las aves, mientras que ningún campesino u ornitólogo
la ubica".
Algunos etnohistoriadores han identificado al cuauhtli sagrado
del México prehispánico como Aquila chrysaetos, a partir de las
descripciones realizadas por los cronistas del siglo XVI, quienes no
recurrieron a un método bien fundamentado.
Esa falta de especificidad en la designación del ave entre los
cronistas y en la Colonia, podría responder al culto imperial del
águila real vinculado al mito del Rey Sol y a que tendrían
prohibiciones para mencionarla.
Entre los estudiosos contemporáneos, la complacencia por
concebirla de manera genérica, vincula al ave con el peso de los
símbolos patrios como parte de un culto nacional.
Recordó que en el sur de Estados Unidos los ornitólogos han
identificado a la quebrantahuesos o caracara (Caracara cheriway) como
el "águila mexicana". Otros, han notado una presencia y distribución
marginal del Aquila chrysaetos en el país, y la incompatibilidad
entre ciertos rasgos del plumaje y la dieta, con las representaciones
del cuauhtli en la evidencia arqueológica.
Según él, "si el águila real conquistó al quebrantahuesos, cabe
esperar un cambio fundamental en la estructura simbólica del culto
solar y un impacto en la estructura del poder al modificar las
nociones de sacrificio, solidaridad y reciprocidad.
Para explicar las razones que motivaron a los españoles a la
conquista del ave, el investigador analizó el papel del águila real
en la dinastía de los Habsburgo y evidenció que tenía un culto solar
muy marcado en sus ritos del poder, representado por esa ave como
símbolo de la eternidad de las dinastías.
"Habida cuenta de la identidad del culto solar tanto de
indígenas como españoles, no sorprende que pudo existir un
sincretismo del águila real y la quebrantahuesos (ave sagrada que
orientaba la peregrinación de grupos humanos), para conformar una
imagen hasta cierto punto mítica que es la del Escudo Nacional".
Como parte del proceso, González Block descubrió que se trató de
un sincretismo provocado de manera muy clara por Miguel Sánchez,
predicador de la Virgen de Guadalupe, quien afirmó en sermones muy
difundidos, que las alas de la base de la virgen son de un águila
real y crean el vínculo entre el águila de los españoles y la de los
aztecas, e identifica el mito de fundación de Tenochtitlan como un
símil de la aparición de la Virgen.
"Esto -subraya el investigador- permite a Sánchez hablar de la
refundación de una nueva iglesia católica en México, que unifica a
los grupos sociales de indígenas, criollos y mestizos y hace ver que
cada una de las capas de plumas que se representan en el ala de la
base de la Virgen, corresponde a uno de estos tres grupos".
Así, este símbolo representaba la unidad de los tres grupos
sociales ante la adversidad y la necesidad de forjar una patria, tal
como pretendían los criollos.
Y agregó la hipótesis de que los colores verde, blanco y rojo
que están plasmados en la bandera provienen de los tres colores de
las capas de las plumas del ala en la base de la Virgen, las cuales,
a su vez, son una representación del mito de Tenochtitlan, donde el
verde corresponde al nopal, el blanco al cuauhtli sagrado y el rojo a
la sangre sacrificial.
"Entonces, hoy cuando observo la bandera, veo que hay dos
águilas y un Sol. Dos águilas porque está el cuauhtli en el fondo
blanco de la bandera y el águila real en la silueta. Y ambos
representan al Sol, el blanco a su vez, por la luz solar regeneradora
de la vida en la tierra. Así entonces, vemos que nuestra bandera
representa dos águilas y un Sol", puntualizó.
Para concluir, González Block aseguró que se trata de un proceso
de sincretismo de extraordinario valor simbólico para la
sobrevivencia humana y la cohesión social.
Sin él, es probable que la imagen del cuauhtli se hubiera
perdido en la historia, porque era un ave asociada al sacrificio
humano, un ave portentosa de un valor fundamental en la estructura
religiosa nahua y que sin el interés de los europeos por imponer su
propio culto solar, no se hubiera integrado al mito de fundación de
Tenochtitlan.